domingo, 30 de marzo de 2014

Javier López

‘Ik treed niet tegen de filosoof op, omdat hij in feite niet bestaat; ik treed op tegen een zeer depressieve filosofie en maatschappelijke orde die het individu waardeloos maakt’

lunes, 22 de junio de 2009

ניים


הניים ל חיים

למכיר אות המקיר

אות הנייר

שבו אני כותב

miércoles, 17 de junio de 2009

Carta a todos los voluntarios

  You stay after I see you
  like the memory of that sunbeam
  the first of morning
  and like that soft breeze 
  whispering at my window

  as the scent of late night conversations
  sweet tobacco
  and silent faith
   
You stay that way
  Spilling yourself in bed
  with every tear of shame
  with every scar you've bleed

You go, yet you stay
  as any passer by
  like the springs in the past
   
As if I go and get to bed
  --if decide to procrastinate--
  and leave my presence behind
  which still sounds inside a chat

But you stay so sweet
  like a polish pancake
  or the believers prayer

Just stay here for a while
  and I'll let you know
  how perspectives come and go

And If your smile stays
  the sunbeam will smile again
  and softer my morning breeze

Stay here for a while
  --as you're passing by--
  sharing yourself with me
  for I am too a passer by  

Letter to a friend

  I fucked her in the ass and she shat herself --That´s the perfect way to start this, according to James; and will catch your atention. She will not be able to shit good for a week --I would add.
   
  These are the facts:

  I was getting back from Gavishes party; my guts didn´t allowed me to come back home with that punky looking filled with beatuyful tatooes archeologyst girl; would have been as easy as saying: just let´s go to my room. But I didn´t.

  My new roomate --an ecuatorian guy who´s taken over your bed-- was just outside the door of my room. 

  --Look at her-- he told me with a terrible english, while he was straight arm, opened palm, pointing at a girl who was just bearly covered; completley naked on the bed that belonged to you. She looked like that cliche of the drunken road gasoline slut which, I have to be honest, made me horny. But I swalowed it up --not after taken some amazingly funny pictures which you can´t see cause I deleted them-- and went to my bed; that I was going to share with the guy who brought the girl because the sheets of the other bed had some vomit of the crazy american.

  Even though the loud snoring of my drunken roomate, I was just about to reach my dreams, that I swear; at least just before I heard some mourning. It was the girl that was siting on the bed trying to get up. I did what any good guy would do; I went there to help her; to make her lay on the bed with her head looking to a side. But to be honest, I did have a terrible hard on, something that she seemed to notice when her head fell exactly on my dick, after the third time I tryed to cover her.

  --Ignore this terrible substances that makes you feal this urges that are burning your body -- I thought out loud.

 She turned her head and took out my luv stick --James recomendation for a word-- from my trousers and started to suck it --yeah! With that same mouth that vomited some minutes ago and where an ecuatorian guys wang was in.

  Then she mourned again, sit down and fell , completley naked to the other side. The shapes drawed a soft siluet on her ass, just infront of me. I hold her from the back; really huging her, and asked if she was ok.

  --Yes, I think so-- answered with a half drunk, half excited voice.

  --Am I drunk or high? --I thought. Maybe too much of both.

  My dick was already between her legs; just making some friction with her perfect pussy. So I may as well give it a little push --I thought. And there it was; inside.

  --Uhhhhh...-- I heard her saying a sotto voce.

  So I started to get a little bit agressive; if you know what I mean... ;)

  I didn´t even care about protection; you know that can happen if you are in those combined states. Later on I convinced myself that the condom was not very far away from there. So I puted it in.

  Now that my dick was protected, I thought, I may as well try to go through places I have never been before. So, yes, I shoved it up her ass; little by little, been precautious not to break her ass.

  Bottom line was that I wasn't very gentle; so, after I went to burn the evidence, just get rid of the condom, the room stenched like a whore house mixed with a barn. There was shit just... just everywere.

  What happend after is not very important; although we still have too much to clean.

  A yeah; two days after this I did fucked Nofit --without condom-- in the ass. That one was brown and dirty; my dick, I mean, got brown and dirty. I had to wash it like for three times.

  I think I'll get a blood test soon; I'll talk to you then,

  Your nasty friends...

miércoles, 8 de abril de 2009


Levantó sus brazos con desmesurada sonrisa. Sólo una sonrisa de extremo gozo, de victoria, de final de espera, de resurección. Estaba clavada por una nariz aguileña, puntiaguda, que salía de unos pequeños ojos redondos y negros. Y los tres rulos que le salían de entre la gorra, tapando un pedazo de sus orejas. ¿Y qué más puedo decir? Era la plenitud personificada. Detrás una noche serena, llena de recuerdos y de polvo, en el norte del desierto del Nerev.
Los italianos son hombres de la tierra; Dante, Petrarca y Bocaccio, sus primeros poetas, eran poetas de la tierra y de la carne que es, al final, tierra. Navegantes, sí, pero siempre buscando otras tierras. Esa personificación de la plenitud, aquél loco voluntario italiano --loco, como todos los que aquí estamos-- , no es diferente. Había trabajado con la tierra por algunas semanas, llenando sus uñas de polvo y, de vez en cuando, cuando alguna manguera fue abierta, de lodo. Veía, muchas veces, el cielo con desesperación y se resignaba viendo las colinas del lado de Cizjordania esperando, cuando menos, algún misil iraní.
"Una tempeste"-- me dijo momentos antes de que la rocosa tierra del desierto fuera rebautizada por el agua, un sorbo de humedad en este páramo perdido.
"La humedad de la tierra" --dijo cuando escuchó las primeras gotas de lluvia, besando las puntas de sus dedos con sus fosas nasales como si fuera el más precioso zahir.
Salió de la cocina con calma, alargando la preciada espera. Sintió todo el peso de una gota de lluvia penetrar como saeta la tierra, humedeciéndola, sacándole el vapor que el calor del sol había petrificado. Le dije "aspeta" y corrí a mi cuarto por una cámara que dejara como objeto ese momento para que ustedes lo vieran y, mientras me inclinaba sobre el bureau para buscar entre la oscuridad, levantó sus brazos con una desmesurada sonrisa. Sólo una sonrisa de extremo gozo, de victoria, de final de espera, de resurección.
Tomé esta fotografía y, justo después, comenzó a gritarle a Dios en italiano, como si alentara a un equipo de fútbol, con toda la pasión exacerbada derramándose por todos sus poros como lava. Levantaba y bajaba las manos, y gritaba, y golpeaba las paredes de alegría, y era todo gozo, y era todo plenitud.

lunes, 23 de febrero de 2009


Los recuerdos que mitificaban aún más el kibbutz donde estaría comenzaron a llegar a mi cabeza:
"
Escribí siete, sin que nadie lo viera, en un pequeño trozo de papel. Me pareció una decisión bastante inteligente pues así cubriría, como números cercanos, del cinco al diez. ¡Que se jodan! ¡Yo quiero ir al norte! Había sido un día, y todo lo buen pedo que podríamos haber sido los unos con los otros aquí no servía; no me importaba irme solo, con tal de irme al norte, donde los kibbutz son más ricos y ofrecen mejor vida.
La vieja del KPC pensó por un momento. Nos observó con detenimiento; incluso la pinche gorda que no levantaba el culo de su asiento puso atención por un momento, dejando a un lado la limadora de uñas.
--Two.
¡Me lleva la chingada!
--¡Sí! ¡Sí! --comenzó a gritar Juan. ¡Miren! ¡Miren!--nos dijo, como niño chiquito, mientras enseñaba un horroroso dos dibujado en su pedacito de papel.
(Good luck... buena suerte... felicidades) Putamadre. A ver cuándo me toca a mí. Pensé que la misma noche en la que había llegado estaría durmiendo en un bonito cuarto en algún kibbutz, listo para conocer un nuevo país, para viajar y para cojer viejas como si fuera conejito. Digo; esa noche no había estado tan mal. Contactamos a un "couch surfer" en línea y nos quedamos en su casa en Yafo. Buena fiesta. Nada de drogas. Mucho alcohol. Era Kobiee; un judío sefaradita que vivía con una inmensa vaca; buenísima onda la canija, pero fea como la chingada. Se trataba de Karen, blanca pero horrible. A toda madre; a toda madre, sin embargo.
El departamento era bastante chiquito y en un lugar no muy bonito, pero sí que hubo fiesta. Sacaron un bajo, dos guitarras --eléctrica y acústica-- y un sax... y a jamear se ha dicho, jijos de su.
"
Todo había pasado tan rápido que no había tenido oportunidad de reflexionar y, sobre todo, de sentir el nuevo país que conocía; el nuevo continente.
El desierto no había sonado tan mal, aún cuando David, un inglés que Benj había conocido, le había dicho que Lahav era horrible y que los voluntarios se gastaban todo su dinero en ponerse pedos para quitarse la depresión.
--We are not like them, Benj-- le dije sin saber que a él también le gustaba el chupe. Besides; we are two. At least we´re gonna be together, man.
Me imaginaba las inmensas lunas que no llenaban mis ojos; las estrellas y, sobre todo, las dos suecas que mencionó Ronie, el jefe de voluntarios, que después de llevarnos por una carretera bastante desértica, en un lugar que era completamente ajeno a mí, está ahora entrando por la puerta del kibbutz.
El kibbutz se ve medio pinche, pero no tanto.
--I´m going to take you to the dinning room and show you how to do there --nos dice aquél canoso hombre vestido de rojo (cosa que siempe hace), con su muy mal acento plagado de "erres" al más puro estilo francés ) gggggggggggggggggggggggggggg.
--Okay-- dice Benj, cansado ya probablemente de hacerle tantas preguntas, tantas preguntas, tantas preguntas a ese extraño individuo que no me daba nada de confianza pero al que todo decía que sí y que sí y que sí.
--This is the only kibbutz that has pigs. Maybe you´ll work with them.
--I dont mind. I´ve work with them in my ranch--le miento con toda seguridad, creyendo lo que digo.
--Me neither-- se apresura a contestar Benj intentando también, casi seguramente, caerle bien al nuevo jefe.
--Yala. Everybody down-- y Benjamin abre la puerta corrediza de la mini van blanca.
¿Recuerdan que le había dicho a Benj que cada país, que cada ciudad tiene su olor muy peculiar? Pues Lahav huele a mierda de cerdo, que es el peor olor que he conocido. ¿Y la gente come sin tener asco?
Benj me observa, asustado, queriéndome hacer notar el olor. Dejo que Ronie camine un poco más y le digo, a sotto voce: don´t you worry, my friend; we´ll get used to it.

martes, 10 de febrero de 2009

Benjamin


Benjamin estaba justo detras de mí; caminando con su mochila sobre su espalda, buscando el mismo lugar que yo estaba buscando.
Frishman Street; numero cuatro o cinco? Realmente no lo sabía, pero lo unico que era seguro es que era alguno de los pequeños y delgados edificios de esa extrana calle. Debía de estar cerca, pues comenzaba frente a esa playa que estaba a una cuadra. Sólo habia un edificio en la siguiente cuadra y, despues, una bella imagen del Mediterraneo. El letrero en la esquina, en tres idiomas --hebreo, árabe e inglés--, decía el nombre de la calle; no podía estar equivocado.
Me detuve y decidí buscar en la pared de algún edificio, el número; pero no todos lo tenían. Así, cuando menos, sabría que tan cerca estaba. Metí la mano en una de mis maletas, buscando un pedazo de papel que contenía la dirección exacta. Fue en ese momento cuando escuché aquellos fuertes pasos; comprendí de inmediato que los golpes que escuchaba en el pavimento no provenían de los pies de un gigante, sino que eran los pasos de una persona llena de confianza, alguien que realmente sabía lo que estaba haciendo, hacia adonde se dirijía. Así que gire mi cuerpo para voltear hacia atrás y ahí estaba, observando directamente a mis ojos antes de que mi propia mirada me hiciera darme cuenta de ello. Agitó su mano en señal de saludo, casi sin vehemencia pero con la misma confianza con la que producía sus pasos. Aún no sabía su nombre pero se trataba del que se convertiría, de pronto, rápidamente, en mi amigo.
--Hi?
--Looking for the Kibbutz Program Center?
--Yeah! It's right here-- me contesto apuntando con su índice derecho a una puerta abierta que estaba junto a él.
Entramos por un pequeno pasillo. Yo me había imaginado antes un gran edificio con grandes ventanales y un policía afuera, en la puerta, revisando el equipaje de todo el que deseaba entrar; filas de gente de todo el mundo con el deseo de ser voluntarios. No era así; no habia nadie, sólo un pequeno pasillo con un letrero al fondo que indicaba con una flecha que el Kibbutz Program Center se encontraba tomando las escaleras hacia abajo. Benj, con toda la confianza del mundo --primero pense que era así porque se trataba de un norteamericano y que, la mayoría de ellos, se sentían duenos del mundo-- iba adelante de mí. Bajamos un piso. Doblamos a la derecha en un pequeñísimo corredor en cuya puerta izquierda había una puerta abierta. Benj entró y yo me quedé afuera.
--Hello?
--Hello-- contestó el hombre que estaba sentado tras el escritorio, rodeado de pilas de cajas de cartón --Are you looking for the KPC?
--Yes.
--It's that door on the left.
--At the end of the corridor?
--Yeah. Just beside this one. But it's closed. They should be there, but I think they'll be here in a few minutes.
--Can I put my luggage outside, in the corridor?
--Of course.
--Me too?-- me apresuré a preguntar.
--Yes. You too.
Benj salió, dejando su equipaje. Yo hice lo mismo, sólo saque mi camara fotográfica y un paquete de Camels de una de las cuatro cajas de diez cigarros que me había comprado en el aeropuerto de México.
--My name is Benjamin, by the way.
--Nice to meet you, Benjamin. I'm Enrique. You're from the U.S.?
--Yeah. How about you?
--Mexico. Why don't we go out and take a look of the city and the new country I just know.
--Let's go.
Nos dirijimos directo a la playa. Mientras el me contaba que era de San Luis Missouri; ciudad de la cual hablaría mucho; siempre he admirado a la gente que ama la ciudad donde vive y uno de ellos es Benj.
--Have you noticed-- comencé a preguntarle --that each country and each city has its own particular smell?
--Is it?
Es extraño como uno puede comenzar a conocer una ciudad completamente ajena a lo que uno conoce; comienza con una cámara en la mano y una expresión que deja ver a cualquier curioso que estas dando un paso dentro de otra dimensión, y una voz que pertenece a una cara visible, que esta ahí pero que no conoces lo que sucede dentro de la mente. Así que pensé, "chido", estoy con otro ser humano, con diferente pasado y con diferentes razones y decisiones que lo hicieron estar casi del otro lado del planeta, casi en el exacto mismo lugar en donde otro ser humano con una mente y unas decisiones diferentes lo hicieron viajar al otro lado del planeta y estar casi en el lugar exacto donde el se encuentra. Esos eramos Benj y yo.
Seguimos conversando por quince minutos mientras observábamos la mañana brillando en el horizonte, reflejandose en una linea luminosa en el mar que, si no fuera por el inicio de la playa y las escolleras, hubiera llegado hasta nuestros pies. En ese paseo fue cuando me dí cuenta que Benj no era como cualquier gringo tonto que pudiera haber conocido, que era un ser humano no sólo bastante interesante e inteligente, sino que era, de acuerdo a mis principios, una buena persona. No habia mentira, ademas, en sus palabras. Eso fue algo que note por instinto pero que, mientras pasaron los dias, me di mas cuenta de ello.
Al regresar al KPC, había un pequeño hombrecillo moreno sentado. Tenía una expresión de extrema confusión. Sus gestos decían algo así como: es la primera vez que salgo de mi casa y no se ni donde chingados estoy. Se trataba de Juan, un Guatemalteco que hablaba poco inglés, alguien con el cual compartiría un poco mas de un día completo, pero que desaparecería rápidamente. Las oficinas seguían cerradas, así que decidimos ir a desayunar algo.
--I saw a little place beside us --les dije. We can check it out.
--I already had breakfast at my hostel --Benj había llegado el dia anterior en la noche. But I'll join you.
Entramos al pequeno cafecito y yo pregunté, con mi paupérrimo hebreo, cuánto costaba un café. Me contestó el que poco despues me diria que es el dueño, en un espanol porteño. Aunque me sentí un poco decepcionado, pues crea en ese momento hablar un hebreo bastante desente, me fue mas fácil pedir unos croissants.
Despues de las preguntas protocolarias entre nosotros, los futuros voluntarios; quien eres? De donde vienes? Por que? Etc. Decidimos regresar a la oficina que ya estaba abierta y que ya tenía una prospecto de voluntario; una japonesa bastante fea, por cierto.
--Shalom! Boker tov!--le dije a la horripilenta gorda que estaba sentada justo en la entrada.
--Boker tov! Who are you?
--Enrique, from Mexico.
--Ah! Ok. Can you seat? I'll be there in a minute.
Repitió a Juan y a Benj lo mismo que me dijo a mi.
La gorda se dirijió a todos, que estabamos sentados --Benj, Juan, la japonesa y yo-- que el unico lugar en donde había lugar por el momento era "here". Y, sacando un mapa bastante grande de Israel, puso su índice justo en el borde de la franja de Gaza. Benj, Juan y yo nos miramos. A Juan se le podía notar miedo, a Benj muchas cosas, sobre todo preocupacion --que despues sabria que era porque le daba miedo como lo tomaría su abuelita, poco despues de que su hija, la madre de Benj, muriera. Para ser honesto, a mi me invadió una sensacion bastante morbosa; el observar los bombardeos y, sobre todo, escuchar las alarmas y salir corriendo a esconderme a un bunker --cosa que, en realidad, no pasa-- era una buena dosis de adrenalina para mi sangre que no deja de ser adicta a ciertas sustancias.
Lo siguiente fue una larga conversación que se resumió, realmente, a: tendremos que hablar con nuestras familias porque pueden preocuparse. De mi parte, no era mas que "bull shit"; lo que en realidad pensaba era que debía ir a un kibbutz al norte, pues ahi tendrían dinero y habría mas voluntarios. En el norte nos iría mejor. Habia, sin embargo, dos cosas que me atraían de ello; la primera era, como ya lo dije, la guerra; la segunda era la posibilidad de irme con Benj y con Juan, porque, debido a la guerra, habian sacado de ahi a los voluntarios anteriores y ahora, con el cese al fuego, necesitaban voluntarios; solo diez, sin embargo.
Teniamos que pensarlo. Yo diría que las posibilidades, en ese momento, no se inclinaban hacia ningun lado, lo cual hacia bastante posible que fueramos. Salimos, entonces, a caminar a la playa; a buscar un buen lugar para tomar una cerveza y reflexionar; no podamos, además, en ese momento, llamar a casa; serían como las cuatro de la manana allá.
Sentados, en unas sillas de madera, a poca altura del suelo, con nuestras piernas estiradas y nuestros talones sobre la arena, nos tomamos la primera Goldstar; nuestra primera cerveza israelí bajo una sombrilla que nos tapaba de un caluroso sol frente a la playa más hermosa que he visto en mi vida, bajo el sonido de aviones y helicópteros, militares en la mayoria de los casos, y con mujeres hermosas pasando frente a nosotros.
--I do really want to go to Gaza-- les dije.