martes, 10 de febrero de 2009

Benjamin


Benjamin estaba justo detras de mí; caminando con su mochila sobre su espalda, buscando el mismo lugar que yo estaba buscando.
Frishman Street; numero cuatro o cinco? Realmente no lo sabía, pero lo unico que era seguro es que era alguno de los pequeños y delgados edificios de esa extrana calle. Debía de estar cerca, pues comenzaba frente a esa playa que estaba a una cuadra. Sólo habia un edificio en la siguiente cuadra y, despues, una bella imagen del Mediterraneo. El letrero en la esquina, en tres idiomas --hebreo, árabe e inglés--, decía el nombre de la calle; no podía estar equivocado.
Me detuve y decidí buscar en la pared de algún edificio, el número; pero no todos lo tenían. Así, cuando menos, sabría que tan cerca estaba. Metí la mano en una de mis maletas, buscando un pedazo de papel que contenía la dirección exacta. Fue en ese momento cuando escuché aquellos fuertes pasos; comprendí de inmediato que los golpes que escuchaba en el pavimento no provenían de los pies de un gigante, sino que eran los pasos de una persona llena de confianza, alguien que realmente sabía lo que estaba haciendo, hacia adonde se dirijía. Así que gire mi cuerpo para voltear hacia atrás y ahí estaba, observando directamente a mis ojos antes de que mi propia mirada me hiciera darme cuenta de ello. Agitó su mano en señal de saludo, casi sin vehemencia pero con la misma confianza con la que producía sus pasos. Aún no sabía su nombre pero se trataba del que se convertiría, de pronto, rápidamente, en mi amigo.
--Hi?
--Looking for the Kibbutz Program Center?
--Yeah! It's right here-- me contesto apuntando con su índice derecho a una puerta abierta que estaba junto a él.
Entramos por un pequeno pasillo. Yo me había imaginado antes un gran edificio con grandes ventanales y un policía afuera, en la puerta, revisando el equipaje de todo el que deseaba entrar; filas de gente de todo el mundo con el deseo de ser voluntarios. No era así; no habia nadie, sólo un pequeno pasillo con un letrero al fondo que indicaba con una flecha que el Kibbutz Program Center se encontraba tomando las escaleras hacia abajo. Benj, con toda la confianza del mundo --primero pense que era así porque se trataba de un norteamericano y que, la mayoría de ellos, se sentían duenos del mundo-- iba adelante de mí. Bajamos un piso. Doblamos a la derecha en un pequeñísimo corredor en cuya puerta izquierda había una puerta abierta. Benj entró y yo me quedé afuera.
--Hello?
--Hello-- contestó el hombre que estaba sentado tras el escritorio, rodeado de pilas de cajas de cartón --Are you looking for the KPC?
--Yes.
--It's that door on the left.
--At the end of the corridor?
--Yeah. Just beside this one. But it's closed. They should be there, but I think they'll be here in a few minutes.
--Can I put my luggage outside, in the corridor?
--Of course.
--Me too?-- me apresuré a preguntar.
--Yes. You too.
Benj salió, dejando su equipaje. Yo hice lo mismo, sólo saque mi camara fotográfica y un paquete de Camels de una de las cuatro cajas de diez cigarros que me había comprado en el aeropuerto de México.
--My name is Benjamin, by the way.
--Nice to meet you, Benjamin. I'm Enrique. You're from the U.S.?
--Yeah. How about you?
--Mexico. Why don't we go out and take a look of the city and the new country I just know.
--Let's go.
Nos dirijimos directo a la playa. Mientras el me contaba que era de San Luis Missouri; ciudad de la cual hablaría mucho; siempre he admirado a la gente que ama la ciudad donde vive y uno de ellos es Benj.
--Have you noticed-- comencé a preguntarle --that each country and each city has its own particular smell?
--Is it?
Es extraño como uno puede comenzar a conocer una ciudad completamente ajena a lo que uno conoce; comienza con una cámara en la mano y una expresión que deja ver a cualquier curioso que estas dando un paso dentro de otra dimensión, y una voz que pertenece a una cara visible, que esta ahí pero que no conoces lo que sucede dentro de la mente. Así que pensé, "chido", estoy con otro ser humano, con diferente pasado y con diferentes razones y decisiones que lo hicieron estar casi del otro lado del planeta, casi en el exacto mismo lugar en donde otro ser humano con una mente y unas decisiones diferentes lo hicieron viajar al otro lado del planeta y estar casi en el lugar exacto donde el se encuentra. Esos eramos Benj y yo.
Seguimos conversando por quince minutos mientras observábamos la mañana brillando en el horizonte, reflejandose en una linea luminosa en el mar que, si no fuera por el inicio de la playa y las escolleras, hubiera llegado hasta nuestros pies. En ese paseo fue cuando me dí cuenta que Benj no era como cualquier gringo tonto que pudiera haber conocido, que era un ser humano no sólo bastante interesante e inteligente, sino que era, de acuerdo a mis principios, una buena persona. No habia mentira, ademas, en sus palabras. Eso fue algo que note por instinto pero que, mientras pasaron los dias, me di mas cuenta de ello.
Al regresar al KPC, había un pequeño hombrecillo moreno sentado. Tenía una expresión de extrema confusión. Sus gestos decían algo así como: es la primera vez que salgo de mi casa y no se ni donde chingados estoy. Se trataba de Juan, un Guatemalteco que hablaba poco inglés, alguien con el cual compartiría un poco mas de un día completo, pero que desaparecería rápidamente. Las oficinas seguían cerradas, así que decidimos ir a desayunar algo.
--I saw a little place beside us --les dije. We can check it out.
--I already had breakfast at my hostel --Benj había llegado el dia anterior en la noche. But I'll join you.
Entramos al pequeno cafecito y yo pregunté, con mi paupérrimo hebreo, cuánto costaba un café. Me contestó el que poco despues me diria que es el dueño, en un espanol porteño. Aunque me sentí un poco decepcionado, pues crea en ese momento hablar un hebreo bastante desente, me fue mas fácil pedir unos croissants.
Despues de las preguntas protocolarias entre nosotros, los futuros voluntarios; quien eres? De donde vienes? Por que? Etc. Decidimos regresar a la oficina que ya estaba abierta y que ya tenía una prospecto de voluntario; una japonesa bastante fea, por cierto.
--Shalom! Boker tov!--le dije a la horripilenta gorda que estaba sentada justo en la entrada.
--Boker tov! Who are you?
--Enrique, from Mexico.
--Ah! Ok. Can you seat? I'll be there in a minute.
Repitió a Juan y a Benj lo mismo que me dijo a mi.
La gorda se dirijió a todos, que estabamos sentados --Benj, Juan, la japonesa y yo-- que el unico lugar en donde había lugar por el momento era "here". Y, sacando un mapa bastante grande de Israel, puso su índice justo en el borde de la franja de Gaza. Benj, Juan y yo nos miramos. A Juan se le podía notar miedo, a Benj muchas cosas, sobre todo preocupacion --que despues sabria que era porque le daba miedo como lo tomaría su abuelita, poco despues de que su hija, la madre de Benj, muriera. Para ser honesto, a mi me invadió una sensacion bastante morbosa; el observar los bombardeos y, sobre todo, escuchar las alarmas y salir corriendo a esconderme a un bunker --cosa que, en realidad, no pasa-- era una buena dosis de adrenalina para mi sangre que no deja de ser adicta a ciertas sustancias.
Lo siguiente fue una larga conversación que se resumió, realmente, a: tendremos que hablar con nuestras familias porque pueden preocuparse. De mi parte, no era mas que "bull shit"; lo que en realidad pensaba era que debía ir a un kibbutz al norte, pues ahi tendrían dinero y habría mas voluntarios. En el norte nos iría mejor. Habia, sin embargo, dos cosas que me atraían de ello; la primera era, como ya lo dije, la guerra; la segunda era la posibilidad de irme con Benj y con Juan, porque, debido a la guerra, habian sacado de ahi a los voluntarios anteriores y ahora, con el cese al fuego, necesitaban voluntarios; solo diez, sin embargo.
Teniamos que pensarlo. Yo diría que las posibilidades, en ese momento, no se inclinaban hacia ningun lado, lo cual hacia bastante posible que fueramos. Salimos, entonces, a caminar a la playa; a buscar un buen lugar para tomar una cerveza y reflexionar; no podamos, además, en ese momento, llamar a casa; serían como las cuatro de la manana allá.
Sentados, en unas sillas de madera, a poca altura del suelo, con nuestras piernas estiradas y nuestros talones sobre la arena, nos tomamos la primera Goldstar; nuestra primera cerveza israelí bajo una sombrilla que nos tapaba de un caluroso sol frente a la playa más hermosa que he visto en mi vida, bajo el sonido de aviones y helicópteros, militares en la mayoria de los casos, y con mujeres hermosas pasando frente a nosotros.
--I do really want to go to Gaza-- les dije.

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